Aunque los partes eran bien claros, el azul y despejado cielo con el que nos despertábamos el Domingo de Coros despistó a muchos gaditanos que decidieron tirar para el centro sin un mísero paraguas. Y ya saben como es esto. En unos pocos minutos, el cielo se cubría y una enorme tromba de agua caía sobre las calles gaditanas sobre la una del mediodía. Numeroso público pegado a la pared de nuestras fincas o bajo el techillo de hojas de la plaza de Candelaria o de algunos comercios intentando esquivar el largo e intenso chaparrón que se alargó al menos hasta las tres de la tarde sin parar. ¿Era el final del primer Domingo de Carnaval?
Nada más lejos de la realidad. A partir de las tres o tres y media de la tarde el cielo comenzaba a despejarse dejando un estupendo día en el que todo seguía el curso que debía de seguir: los carruseles en las diferentes plazas de la ciudad, los tablaos, las agrupaciones en la calle y la Cabalgata en la Avenida. El Dios Baco ya en las Puertas de Tierra recibía los numerosos miradas de todo aquel que por allí pasaba por aquello de ser la novedad de este año…
@ManoloDevesa



