Los ojos de su conveniencia

Una ciudad nunca es perfecta. Siempre tiene su lado oscuro y sus cosas que mejorar. Quien diga lo contrario lo ciega la pasión por el lugar o las siglas del partido que la gobierna. De las dos opciones no sé cuál es más peligrosa. Porque una pasión desmedida no es buena consejera. No te deja ver con claridad y al final terminas perjudicando más que otra cosa. No hablemos ya si nos referimos al fanatismo de las siglas de un partido político. Porque independientemente a cómo lo haga siempre terminaremos claudicando ante él incluso por encima del hipotético amor que le tengamos a la ciudad de nuestros amores. No es la primera vez que afirmo, es mi opinión, que a Cádiz le hace falta ambición. Ambición de la buena. La que busca que su ciudad progrese. Sin embargo el enemigo más acérrimo de la ambición es el conformismo. Y aquí por desgracia lo tenemos en casa.

Cada día me topo tanto en las redes sociales como a mi alrededor con una realidad que me entristece y horroriza a partes iguales. Me entristece ver a un Cádiz por día más abandonado. Solo hay que salir a la calle y observar: un adoquinado cada vez más deteriorado, un Parque Genovés que parece ir a la deriva o unas casetas de campaña que dejan al descubierto una terrible realidad por citar solo tres ejemplos. Y me horroriza pensar que esto ocurre ante un sector de la ciudad cuya única arma es una mueca de indiferencia o una defensa a ultranza de quiénes ellos consideran intocables. La mejor oposición que puede tener un político es su propio pueblo. Pero ¿qué ocurre si sus propios votantes callan cada error que comete?

Estoy seguro que Cádiz podría mejorar notablemente con cuatro cosas que el Gobierno de turno tuviese en cuenta. Se trata de bajar a la calle. Más allá de los cuatro o cinco días durante la campaña electoral que tan bien quedan en las fotos. Escuchar a la gente de verdad. A esa otra incluso que no te jalea ni te prometen que siempre estarán contigo. Porque de lo contrario, lo que haces es mantenerte en esa burbuja de la que ya de por sí al político le cuesta salir y condenar a la ciudad a la que tanto dices querer al fracaso más absoluto.

El problema es que donde el sector más crítico y realista, que dicho sea de paso no tienen porqué ir de la mano, ve abandono, falta de inversión o simplemente de interés, el alcalde en este caso ve «una Cádiz con más derechos, con más proyección, más inclusiva y, en definitiva, mejor» como hace unos días escribía en su muro de una red social trasladando consciente o inconscientemente ese discurso a sus fieles para hacerlo realidad. Ese es el verdadero problema. El de la mayoría de los políticos de este país por cierto. Que solo ven única y exclusivamente por los ojos de su conveniencia.

@ManoloDevesa / Foto: Cádiz Abandonada

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