La llegada de Albert Rivera al panorama político nacional, antes ya estaba en Cataluña, fue como un halo de esperanza para los muchos desencantados de la derecha, formada por entonces por el PP e incluso los de izquierda ante la impotencia que les producía PSOE y PODEMOS. Hubo un tiempo en que Albert Rivera era el político de moda, el niño bonito de la IBEX 35 y su imagen de yerno perfecto encandiló a muchos votantes que necesitaban creer en el discurso que por entonces mantenía. Sin embargo, su ambigüedad descolocaba a muchos. Aunque muchas voces advertían de que las preferencias que el catalán tenía se situaban más a la derecha, la desesperación de un panorama político desolador se agarró a su discurso y a una imagen hasta entonces que desprendían coherencia y conciliación. Por increíble que hoy parezca, Rivera intentó pactar con Sánchez acallando así las voces que advertían su verdadera ideología.
Fue la irrupción de VOX y el recrudecimiento de la situación en Cataluña la que comenzó a sacar a un Rivera hasta entonces desconocido. El yerno perfecto dejó de serlo desde el momento en que sus discursos se convirtieron en broncos y polémicos y la confianza depositada en él comenzó a desvanecerse por sus continuos cambios de parecer. De prometer su no a un Gobierno de Mariano Rajoy salpicado por continuos casos de corrupción, a situarse a su lado. De querer pactar con Sánchez, a declararle la guerra y de renegar de un partido como VOX a contar con su apoyo en la Junta de Andalucía. Sus declaraciones, la de él y la propia Inés Arrimadas, sobre Cataluña se convirtieron en un bucle donde daba igual el tema del que hablasen que cuando no tenían nada importante que decir, acudían a él aumentando más que disminuyendo el problema allí creado. Una desconocida prepotencia le hizo abanderarse incluso como el principal partido de la oposición aun estando por debajo del PP.
Tras la debacle de anoche, el hombre que hizo temblar al mismísimo PP, el que hoy día si hubiese accedido a pactar con el PSOE sería probablemente vicepresidente de un gobierno con 180 diputados, se va. Es que en Ferraz cantaban eso de «Con Rivera no». ¿Qué esperaba si había protagonizado una de las campañas electorales más broncas? Ha dimitido Albert Rivera. Algo que le honra y lo coloca en la coherencia de sus primeros discursos. No debería ser la única dimisión… Y una vez despejado el camino ¿se vislumbra la primera mujer candidata a la Presidencia del Gobierno?
@ManoloDevesa