Paren esto que me bajo. Este país se va a la mierda. Asúmanlo desde ya. Es el país que da clases de moralidad el menos indicado, de honradez el más ladrón y de humanidad el más déspota. Es el país donde una plataforma ultracatólica puede tomarse la libertad de salir a la calle a pisotear y ridiculizar los derechos del colectivo LGTBI alimentando una homofobia que parece volver a cobrar mas fuerza. Algo que confirma por si había dudas la agresión a dos componentes del coro carnavalesco «La Reina de la noche» estos carnavales aquí mismo en Cádiz. «Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si naces mujer, seguirás siéndolo» dice el bus que la plataforma ha puesto en marcha ante la frialdad de algunos sectores de la sociedad y un doctor que no duda el comparar a transexuales con pederastas en un conocido programa matinal de televisión.
El mismo que parodia en los carnavales tinerfeños las figuras de la Virgen y Jesucristo y es capaz de hacer que el obispo de Canarias, en todo su derecho a sentirse ofendido, diga cosas sin embargo tan bochornosas y deleznables como que lo sucedido en los carnavales es más triste para él que el accidente en Barajas del avión que partía hacia Gran Canaria y donde perdieron la vida 154 personas. Que gran ejemplo de humanidad. Es el mismo país donde el Consejo de HH Y CC de Cádiz emite un comunicado condenando dichos actos pero ni mú de las vergonzosas declaraciones del Obispo.
Sinceramente no sé ni el cuando ni el por qué la Iglesia desde que tengo uso de razón ha evitado cualquier tipo de relación con el colectivo LGTBI dejándolos al margen de todo lo que tenía que ver con su institución. No es la primera vez que de boca de muchos sacerdotes han salido polémicas declaraciones con el colectivo gay como principal diana o se le ha negado derechos tan básicos como el ser padrino de un bebé por sencillamente ser homosexual. Por no hablar de su rotunda negativa al matrimonio eclesiástico. Y a pesar de todo, son muchos los homosexuales que intentan vivir la religión católica aun con la indiferencia que hacia ellos tiene la propia Iglesia. Claro que puedo llegar a entender el enfado de los católicos por la famosa parodia de los carnavales. Pero ¿se han preguntado cuántas veces se habrán sentido ofendidos homosexuales, transexuales o bisexuales por las palabras y actos de muchos y destacados cargos de la Iglesia?
Una sociedad capaz de seguir asesinando a cristianos y homosexuales por el mero hecho de serlos, no puede ser la misma que vea como Iglesia y éste cada vez más amplio sector de la sociedad se empecinan en vivir eternamente enfrentados. No tiene ningún sentido. Como siempre diré en todos los aspectos de la vida: la libertad de uno acaba donde empieza la de los demás. Nadie está obligado a entender ninguna de las dos posturas. Pero sí al menos respetarla.
@ManoloDevesa