Como casi todas las calles de Cádiz, pasear por ellas es recorrer su historia. Y somos tan simples que creemos que todo lo que conocemos hoy fue siempre así. Sin embargo, la calle de la que nos ocupamos hoy en nuestro Callejero, la Plaza San Juan de Dios, puede presumir de haber vivido en sus propias «carnes» absolutamente de todo.
Para empezar no siempre se llamó así ni muchísimo menos. Corredera de la Aguilas, Corredera, Plaza de las Armas, Misericordia, Plaza Isabel II, Cantabria, Pueblo Nuevo o República hasta llegar a San Juan de Dios. ¿Por qué así? Pues porque los hermanos de la orden de San Juan de Dios se instalaron en ella.
La Plaza del Ayuntamiento tampoco fue fue tal como hoy la conocemos. En su día, las aguas del muelle llegaban incluso hasta los propios edificios y poco a poco se le fue comiendo terreno al mar y la ciudad ganándolo. De hecho, la plaza llegó a tener unas murallas que fueron derribadas allá por 1907.
Para adquirir el aspecto que tiene hoy, en 1873 (ayer vamos) se comienzan unas largas obras durante el mandato del mítico Fermín Salvochea que no finalizarán hasta 1929.
San Juan de Dios ha sido testigo de los más sorprendentes acontecimientos. Más allá de la celebración de unas elecciones o que el Cádiz se suba al Ayuntamiento el día después de su ascenso, se entiende. El propio Consistorio gaditano sintió en sus muros los tiros desde el edificio de Moret cuando el alzamiento militar. Ha sido mercado, ha visto toros y barcos llegar y hasta un barco durmió durante dos noches en el suelo de su plaza: el vapor Covadonga.
@ManoloDevesa