Familia impuesta

Hay que saber cerrar ciclos. Hay capítulos en nuestra vida que es mejor cerrar porque de lo contrario se enquistan y se vuelven casi una condena perpetua. Algo de eso debe haberles pasado a los rostros del extinto Sálvame, hoy reubicados sorprendentemente en la televisión pública bajo el nombre «La Familia de la tele». Salieron de Mediaset por peteneras tras catorce años de un éxito sin precedentes. Un cambio en la editorial de la cadena, se saldó con la cancelación del programa que, dicho sea de paso, comenzaba ya a mostrar claros síntomas de desgaste. El Deluxe, la versión semanal del Sálvame diario, se cambió de día incluso porque dejó de liderar y lo mismo le pasó al diario. Las telenovelas turcas acabaron con la hegemonía de un peso pesado de la televisión hasta ese momento.

Es cierto que las formas no fueron las correctas y de la noche a la mañana, de verdugos que no dudaban en hundir y humillar a los personajes que a ellos les parecía, pasaron a convertirse en víctimas. Unas víctimas que se pasearon prácticamente mendigando un trabajo por Netflix en un proyecto que fue un visto y no visto para desembarcar en el programa «Ni que fuéramos… shhh» primero por redes sociales y luego volviendo a la tele convencional de la mano de TEN donde su audiencia ha sido más bien discreta. Lejos de pasar página, Belén, María, los Kikos, Lydia o Chelo volvían a ponerse sus capuchas de verdugo para volver a mofarse a diestro y siniestro de quiénes les venía en gana. Ahora además con el orgullo herido y la impotencia de quiénes lo fueron todo en una época y ya no lo son.

«La Familia de la tele» pasa totalmente desapercibida porque como en la propia vida, en la tele tampoco hay nada seguro. Eso lo aprendió bastante bien María Teresa Campos., que se mudó a Antena 3 prácticamente con el mismo programa con el que cosechó tantos éxitos en Telecinco y fracasó estrepitosamente. Cada cadena tiene su perfil de audiencia y cada proyecto su momento. Acuérdense sino, lo que significó en términos de audiencias el concurso «Un dos tres…» en la década de los 70 y 80 y cómo acabó en su vuelta a la televisión en el año 2004…

Nada es eterno ni siquiera en la tele. Encima, el fracaso de LFDLT se hace más escandaloso por tratarse de una televisión pública que debe estar exenta de formatos que tengan como único atractivo la polémica. Y no por aquello de que con tus impuestos se le pague a Belén Esteban y compañía, porque no creo que sea peor que pagar con esos mismos a políticos como Abascal y sucedáneos, ligas futboleras o retransmisiones de corridas de toros. Sino por la imagen que se da de una cadena que se supone que es la de todos. A Telecinco le costó la credibilidad, su imagen y una crisis de la que aún se está recuperando. Que la única gracia de un programa, por mucha audiencia que tenga, sea difamar, insultar, hundir, humillar y mofarse de determinados personajes, no creo que sea la mejor carta de presentación de una tele.

Sin embargo y a pesar de todo esto, LFDLT es ya una realidad en las tardes de TVE por muy inexplicable que nos parezca. Una lástima porque la tele pública pasa probablemente por una de sus etapas más dulces con éxitos en la mañana con sus magazines, en la noche con sus apuestas en el prime time e incluso en su access porque a pesar del bajón que experimenta desde hace unos meses el programa de Broncano, la realidad es que ha subido la media de lo que conseguía La 1 a esas horas contra El Hormiguero. Sería una idiotez que La 1 terminase destrozando sus series diarias de sobremesa que tan bien le funcionan por un empecinamiento que tiene más pinta de ser algo personal o ideológico que meramente profesional.

@ManoloDevesa

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