No se trata de turismofobia

Hace unos días leía en Diario de Cádiz que las manifestaciones anti turistas que últimamente se llevan a cabo en diferentes lugares de España, están haciendo que las navieras de cruceros estén planteándose la posibilidad de dejar de venir a algunos puertos españoles, entre ellos el de Cádiz. Es comprensible. Imaginen la incomodidad del turista cuando la ciudad que visitas te invita prácticamente a marcharte. Y esto es sin duda algo negativo para una ciudad que no puede permitirse el lujo de desechar ninguna fuente de ingresos por muy molesta que a algunos les pueda parecer. Que el turismo es en estos momentos una de las principales fuentes de ingresos en nuestro país es algo innegable. Pero también lo es que un turismo desaforado puede provocar la desaparición precisamente de eso que al visitante debe llamarle la atención a la hora de elegir su destino: su esencia. Imaginen una Sevilla sin sevillanos, un Cádiz sin apenas gaditanos o unas Fallas sin valencianos que puedan explicar a los turistas el origen de la fiesta.

Sin embargo ¿tienen culpa los turistas de todo esto? Obviamente no. Cuando uno va a una ciudad lo hace simplemente porque quiere disfrutar de ella y si es posible sentirse como uno más. Eso siempre ha ocurrido en Cádiz gracias a la gran capacidad de acogida que siempre ha tenido el gaditano. Sin embargo la sociedad que hoy nos ocupa es cada vez más individualista. «Yo soy cada vez más antisocial» te dicen incluso hasta con orgullo. De la sociedad de los cascos por la calle, el selfie, las llamadas telefónicas que ya consideran invasivas o el postureo en las redes sociales no podemos esperar otra cosa. Les molesta que haya gente en la playa, en un monumento o en plena calle. Sin embargo para colmo aquí en Cádiz se suma la situación extrema del tema viviendas y la falta de un trabajo digno. Hace unos días leía en un artículo que el perfil del gaditano en el sector turístico era el de un camarero con contrato temporal.

Toda esta situación está provocando una antipatía en el ciudadano que no nos podemos permitir. Principalmente porque a pesar de todo el turismo es ahora, podríamos decir, la última carta a la que juega una ciudad de la que desgraciadamente la mayoría de las industrias fueron marchándose mermando por desgracia las posibilidades de conseguir un trabajo que no dependa del turismo o el comercio. ¿Hemos de «josicá» (permítanme esta maravilla de palabro por favor) con todo esto porque «menos es ná»? Obviamente no.

La solución las tienen unos pocos. Para empezar las diferentes administraciones que deben apostar por la construcción de vivienda pública que haga posible que un ciudadano pueda vivir en su propia ciudad sin temer a que el arrendador (si vive de alquiler) lo vaya a echar en cualquier momento de su casa. Y lo que estamos viendo en los últimos años es una apuesta ciega por el turismo en detrimento de la construcción de viviendas y por ende la solución de la principal preocupación del ciudadano que es la de tener su propio hogar. A partir de aquí los demás problemas vienen prácticamente solos: la despoblación, porque en algún sitio tendrán que vivir aunque sea fuera de su propia ciudad, o el envejecimiento de la población. ¿Cómo se va a tener hijos si no se tiene la seguridad de poder tener un hogar seguro con hipotecas, alquileres tan insultantemente altos y trabajos precarios?

Salvo las siempre existentes excepciones, no es turismofobia. Al menos quiero pensarlo. Es hartazgo y desesperación. Es querer llamar la atención de los principales poderes para que se den cuenta que las cosas no pueden continuar así. Es no sentirse un extraño en tu propia ciudad. Es hacer entender que una cosa es ser acogedor y amable y otra que te veas obligado a irte a otra población porque sea imposible encontrar una vivienda que merezca la pena y que puedas pagar en la tuya. Que una ciudad la hacen posible sus ciudadanos, sus costumbres y hasta sus fiestas. Que siempre será mejor visitar una ciudad donde sus vecinos estén encantados de que les visites a que te vean como el enemigo a batir. Y ahí de nuevo son las administraciones las que deben hacer sus deberes. Explicar y demostrar con hechos que el turismo puede ser una excelente fuente de ingresos y que eso no es sinónimo de que el ciudadano de la ciudad visitada se vea afectado negativamente.

@ManoloDevesa

Deja un comentario