Ahora que nadie nos escucha

No tengo resaca un 1 de enero y eso es como para celebrarlo. Así que sin el habitual dolor de cabeza y la sensación estomacal de haberte comido una vaca de 200 kilos la noche anterior con la que se despierta media España, me dispongo a sentarme frente a la pantalla de mi ordenador para sincerarme un ratito con vosotros, ahora que nadie nos escucha porque andarán con una resaca de tres pares de narices. Estoy a punto de bajarme de esta azotea. En serio. Es una idea que me ronda la cabeza cada vez más asiduamente. Cuando la creé el tiempo libre no era un problema para mí. Sí lo era el desempleo que se me había pegado como una de esas lapas que me costaban tanto arrancar de las piedras de la Caleta cuando era pequeño. Ese tiempo aparte de invertirlo en la búsqueda de trabajo también lo invertí en crear un lugar donde expresar mi opinión sobre diversos asuntos, hablar sobre la historia de Cádiz y contar la actualidad de un país que comenzaba a experimentar un enorme cambio en su política. Corría el año 2016. El bipartidismo daba sus últimos coletazos y un nuevo tiempo se abría ante nosotros.

Sin embargo cuando en este recién estrenado 2024 este rinconcito puede cumplir ocho años, les confieso tener la tentación desde hace ya un tiempo, no de tirar la toalla que es algo que no he hecho nunca, sino de sentarme y reconocer de una puñetera vez la realidad que me rodea. Afortunadamente ya con un trabajo estable desde hace un lustro, mi tiempo es limitadísimo. Sobre todo por la cantidad de cosas en las que ando metido. No solo les hablo de un trabajo que me mantiene mañana y tarde sin poder dedicarme a nada que no sea el trabajo en cuestión. Es que un día, por si no tenía bastante con lo que supone llenar de contenidos esta página diariamente, me embarqué en la aventura de los podcast y programas de YouTube que me ha dado la oportunidad de poder conocer y entrevistar a tantos personajes. De hacerlo además a lo Juan Palomo. Buscar invitados, preparar las entrevistas, grabarlas y editarlas luego minuciosamente. Todo yo y en mi escaso tiempo libre de la sobremesa. Entre cabezada y cabezada. Encima no se me ocurre otra cosa que subir el nivel de exigencia de esa obligación poniéndome como reto realizar un podcast semanal. Imaginen ya el nivel de estrés que me hace caminar como un pollo sin cabeza. Con la mente puesta siempre en la siguiente cosa que tengo que hacer. Pero oigan, que aún hay más. Porque además del día a día que conlleva una vida en pareja, se me ocurrir escribir una novela. Total, como me sobra tiempo…

Cuando me encuentro en un paréntesis con mis podcast y mi novela ya está en la calle creo que toca el momento de mirarme al espejo, contar hasta diez y hablarme sin rodeos. No sé si LA AZOTEA terminará el año que recién hemos comenzado ni cuando volveré a sentarme frente a un micrófono para grabar más podcast. Tampoco sé si voy a poder ponerme a escribir algo de lo que ya me rula por la cabeza para una nueva aventura literaria. Tiene que haber alguna fórmula para hacer todo eso sin que la presión por la falta de tiempo me pase por encima. Solo sé que ese será mi primer gran propósito para 2024. Buscar el equilibrio entre no tomar ninguna drástica decisión y cuidar por mi salud mental. Porque muchas veces me ha costado conciliar el sueño, desconectar y concentrarme en mis tareas por la cantidad de cosas que me rulaban por la cabeza. Ahora si, mientras encuentro ese equilibrio que tanto deseo, voy a aprovechar este 1 de enero para hacer algo que no hago nunca: no hacer nada. Que a veces es igual de necesario que hacer eso con lo que tanto disfrutas. ¡Feliz año nuevo!

@ManoloDevesa

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