En estos días he recordado el colegio en el que pude estudiar los primeros años de mi vida. Fue a mediados y finales de la década de los 80. Poca gente se acuerda del Colegio Academia San Francisco, ubicado en las plantas 2ª y 3ª del número 2 de la calle del mismo nombre, aquí en Cádiz. Hasta hace relativamente poco junto a la puerta una placa así nos lo indicaba. El Colegio San Francisco comenzó siendo una Academia hasta que a mediados de la década de los 60 se convirtió en un colegio privado que se prolongaría hasta el inicio de la década de los 90.
Si cierro los ojos soy capaz de percibir aquel olor tan característico que tenía. Una amalgama de aromas formada por los diferentes materiales escolares que por allí pululaban: desde los míticos plastidecor a gomas, bolígrafos, sacapuntas, tizas, cuadernos, rotuladores o pizarra… Mis manos aun pueden recordar el tacto del friso de las paredes de los pasillos, pintadas de color verde, que protegían la parte inferior. Lo más curioso del Colegio Academia San Francisco era que se trataba en realidad de una casa típica gaditana con sus balcones y cierros a la calle, un despacho adecuado en lo que parecía ser un trastero donde se pagaba el por entonces APA y hasta un cuarto para poner los abrigos que sirvió a veces para castigarnos cuando éramos desobedientes. Un colegio que entre sus actividades extraescolares llegó a contar a principios de los años 70 con clases de teatro, de ajedrez, de fútbol o de canto teniendo su propio coro que cantaba en la iglesia de San Francisco y que llegó a convertirse en campeón de la provincia en la categoría de Coros de colegio de EGB.
Precisamente por el sitio donde estaba ubicado, dos viviendas particulares, el Colegio Academia San Francisco no disponía de un espacio grande y abierto para celebrar el recreo. Por eso sobre las 11 de la mañana debíamos trasladarnos a la plaza San Francisco para ahí y durante unos veinticinco minutos aproximadamente poder desayunar ya fuese comprando los añejos phoskitos o tigretones en la pastelería de Flora (justo donde hoy hay una barraca) o desenvolviendo el bocadillo que nuestras madres tan cariñosamente nos preparaban. Eso cuando había suerte y no llovía. Porque sino, nuestro recreo era la propia aula. De hecho recuerdo que en las que compartía la Academia en el número 9 de la calle Beato Diego donde se encontraban 4º y 5º de EGB no salíamos y nuestros recreos eran dentro de la clase.

En Beato Diego se encontraban 4º y 5º de EGB 
Interior de las aulas de Beato Diego

Un negocio familiar encabezado por Don Antonio Agra Vidal que supo rodearse de un plantel de profesores que a día de hoy seguimos recordando como si fuese ayer. Entre ellos sus propias hijas, María Eugenia y Elvira o su mujer Conchita que hacía las labores de secretaria. Pero también otros llegaron para completar la nómina de docentes: la señorita Ana a la que recuerdo zapatear para quitarse el frío en aquellos largos inviernos o Don Juan Manuel quien tocándose insistentemente el bigote se le descomponía la cara si se te olvidaba el Don y lo llamabas simplemente por su nombre. También en tiempos anteriores al mío estuvieron el Director Reverendo padre Carlos Vázquez quien daba religión, Don Ángel Aragón Pérez que daba una asignatura llamada Sociedad, las matemáticas con Don Arturo Huertos Sánchez, Don José Antonio Galiana Martínez que aparte de ser el director del coro impartía Lenguaje y Dinámica, Doña María del Carmen Tejero Fernández que enseñaba Inglés o Don José Luis Márquez González que nos hablaba de Naturaleza y E. Artística.

Eran tiempos de jornada escolar partida (de 9 a 12.30 y de 15.00 a 17.30 horas), de cuadros del Rey en la pared (en anteriores del dictador) y de crucifijos en la aulas. Pero en un colegio que a pesar de ser católico por su advocación con San Francisco de Asís, en los reglamentos de finales de los 60 especificaba que si algún alumno no lo era podía declararse exento de la asignatura y de los actos religiosos. Curioso, cuanto menos. A la salida del cole Espinete nos esperaba en casa para merendar dispuestos a entretenernos un rato después de tanto estudio. En el Colegio Academia San Francisco los exámenes eran constantes. De hecho, cada dos viernes los boletines verdes se convertían en una auténtica pesadilla. Era la manera que, muy astutamente, tenía Don Antonio, director del centro, para controlarnos. Él y nuestros padres. Con métodos de la antigua escuela, hoy ya desfasados, Don Antonio era respetado escrupulosamente en el colegio por buena parte de sus alumnos. Su rectitud y seriedad imponían. Sin embargo esa fachada se caía en las excursiones escolares donde no dudaba en mostrarse amable y hasta cantarín en el autobús. Una actitud con la que es probable pretendía hacernos entender que no era ni mucho menos nuestro enemigo. Se podría discutir las formas de aquellos métodos, herencia de un tiempo que les tocó vivir a toda una generación de profesores. De una época que les marcó y que afortunadamente acabó. Pero no del fondo, que estoy seguro cuyo objetivo era el de hacer de cada uno de nosotros ciudadanos de bien.
¿Estuviste en el colegio San Francisco? Comparte con nosotros tus recuerdos y así podremos aumentar esta crónica con vuestros testimonios. Muchas gracias
@ManoloDevesa
He sido alumno de dicha academia, incluso hice la primera comunión. Tengo buenos recuerdos. Dejé dicha academia en 7° de EGB en el año académico 1973/74.
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Estudie hasta 1992 en el colegio san francisco sin duda una gran experiencia unos magnificos recuerdos desde preescolar hasta mi graduacion con unos chavales magnificos y con las visisitudes de compartir colegio con lis vecinos de la finca de ir otra a finca a hacer otras clases la gimnasia en la plazoleta o en la casa de la juventud una gran experiencia y ojala algun dia nos pudieramis reunir los que alli estudiamos
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Estudie, desde el primer curso en Parvulitos, hasta el ultimo curso 8º de Básica. También hice la primera comunión. Grandes recuerdos y muchos amigos. Termine sobre el año 76/77, creo recordar. Con muchas ganas de volver a Cádiz, por motivos de trabajo estoy en Guadalajara, pero volveré. Un saludo.
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