Ni el aislamiento de comunidades autónomas ni el toque de queda parecen conseguir el objetivo del Gobierno, que es parar lo que ya todo el mundo llama la segunda ola del Coronavirus en España. Si hay una frase que se ha repetido hasta la saciedad en los últimos meses es que la economía de nuestro país no resistiría un nuevo confinamiento. Sin embargo, estamos viendo sobre todo tras la decisión de países como Inglaterra, Irlanda, Francia, Bélgica y Austria, que el confinamiento parece ser la única solución para detener la nueva ola de casos del Covid-19. Ahora bien ¿estaríamos hablando de un confinamiento al estilo del de marzo? ¿Un confinamiento que volviese a dejar parada la economía con el cierre de negocios?
Sinceramente un confinamiento como el de marzo nos llevaría a la ruina total. ¿Está en condiciones nuestro país de hacer frente a otro buen número de ERTES para no encontrarse de la noche a la mañana con un buen puñado de nuevos desempleados? Hablaré de la ciudad donde vivo: si tras los primeros meses de 2020 y sin ser afortunadamente de las ciudades donde más fuerte ha golpeado el virus, Cádiz capital ha sufrido pérdidas terribles en lo que a comercios se refiere y sufre ya las consecuencias de lo que promete ser una crisis económica histórica, ¿quieren decime como nos dejaría un nuevo confinamiento? Es lógico que se aplique sobre zonas donde el virus esté dislocado pero no tendría sentido aplicarlo sobre una de las ciudades donde menos incidencia ha tenido el virus a pesar de la visita de numerosos turistas este verano. Lo único que se conseguiría con esta decisión es darle la puntilla a una ciudad tan castigada por el desempleo como la nuestra. Yo hablo de Cádiz pero indiscutiblemente habrá más lugares donde su situación no sea tan extrema como para un confinamiento sobre todo por el daño que ello conllevaría.
Según se da a entender serían las Comunidades autónomas las que llevarían el nuevo confinamiento en caso de producirse con lo que el abanico de posibilidades es mayor que el de marzo. Aunque se nos pida encarecidamente que nos quedemos en casa, que eso no signifique forzosamente tener que renunciar a trabajar o cerrar los negocios. Se pueden limitar horarios como se hizo durante la desescalada, ser más generosos con las actividades que se suponen imprescindibles pero no parar de nuevo un país entero. Porque es probable que la curva de contagios baje por unos meses como finalmente se logró en su día pero será a costa de enfrentarnos a otra que subirá de manera escandalosa: la de las colas del hambre y la miseria. Se nos presenta una nueva oportunidad para demostrar que en cuestión de coherencia no todo está perdido.
@ManoloDevesa