Dolores de viernes

El cielo luce despejado. Azul como el mar que estos días luce tranquilo en la Bahía. El canto de los pájaros se escucha más que nunca en un Cádiz desértico en pleno confinamiento por el estado de alarma en el que estamos desde el pasado 15 de marzo. Es Viernes de Dolores pero las iglesias en su inmensa mayoría permanecen cerradas a cal y canto. Se echa de menos el bullicio de los niños del colegio que en este día los visitan en fila india para ver los pasos ya montados y preparados para su salida en unos días.

En la iglesia de San Lorenzo la Virgen de los Dolores de Servitas no está en su paso preparada. No hay flores que la agasajen ni ciudadanos que la visiten ni flashes de fotos que la eternicen. Dolores este año se queda en casa. Fuera el mundo ha cambiado en solo unas semanas. Las calles de Cádiz permanecen vacías porque una pandemia azota a medio mundo generando miles de fallecidos. Solo en España ya son más de 10.000. Dolores se queda en casa como los millones de ciudadanos en la suya. Con la esperanza de que esto pase pronto y la ciudad vuelva a recobrar su normalidad. Es Viernes de Dolores nunca mejor dicho: porque es dolor lo que se siente por aquellos que se van inesperadamente sin una mano que los agarre en su marcha hacia el infinito. Por los familiares que se quedan destrozados porque se les priva de la triste despedida. Por aquellos que en la habitación de un hospital la soledad les ahoga sin más compañía que la de una videollamada. Por esos que pierden su trabajo y ven como su futuro se desvanece sin comerlo ni beberlo. El cielo no anuncia lluvia alguna. Tan solo la de las lágrimas de muchos ciudadanos a los que de la noche a la mañana la vida les ha cambiado radicalmente.

@ManoloDevesa

Deja un comentario