El próximo domingo España se juega el futuro en unas elecciones que se antojan más apasionantes que nunca. Por eso mismo los políticos se muestran en estos días de un complaciente tan intenso como falso.
El debate de ayer en Atresmedia nos mostró la triste realidad: unos políticos que siguen bajando su nivel a marchas forzadas. Todo un despropósito que provocó en muchos de nosotros un sentimiento de vergüenza y pena horrible. De vergüenza por algunas de las escenas que pudimos ver, más en una actitud que era la del ataque que la de la exposición del programa con el que se presentan, y pena porque cualquiera de ellos dirigirá un país tan grande como el nuestro. Ninguno de los presentes, y mucho menos el ausente, se merecen el país que tienen la oportunidad de gobernar.
El debate de ayer nos mostró a un Albert Rivera especialmente incisivo, que era incapaz de estar callado y mostrar respeto mientras el resto de sus compañeros intentaban responder a las preguntas de los presentadores. La escena con Sánchez del intercambio de libros fue digna de los numeritos con los que GH o SUPERVIVIENTES, realitys de éxito de Telecinco, nos obsequian muy a menudo. Solo faltaba Jorge Javier desde plató para seguir metiendo leña al fuego y provocar una de esas tremendas peleas que tanto gustan en Mediaset.

Un debate en el que pudimos ver como Sánchez se refugió en su histérica sonrisa para hacer frente a las numerosas acusaciones de las que fue objeto y un Casado que tiró de datos puestos en cuarentena rápidamente desde diferentes medios de comunicación. Una batalla campal en la que los dardos iban cruzándose en todas las direcciones. Incluso entre aquellos que todos sabemos pactarán para formar gobierno tras el 28 de abril.
El debate de ayer nos permitió analizar no sólo el comportamiento de cada uno de los candidatos si no la imagen con la que nos continuan lanzando mensajes: de la pulserita de España de Rivera a la marca republicana de la modesta indumentaria de Pablo Iglesias. En ellos, todo está calculado.
Hoy, todos los medios lanzan la misma pregunta: ¿quien fue el ganador del debate de anoche? Es difícil sobre todo viendo las reacciones en sus respectivas sedes donde todos lo celebraban con cero autocrítica. Pero ciñéndonos únicamente en su actuación de anoche, Pablo Iglesias supo aprovecharse desde el primer momento del ambiente crispado que los tres restantes habían creado. Su estrategia fue desvincularse de ellos con una actitud mucho más tranquila y conciliadora.
Lo de anoche fue bochornoso. En eso estamos de acuerdo. En términos carnavalescos, podríamos decir que si hubiese sido un cuarteto se le debería haber echado incluso el telón. Sin embargo, los perdedores de todo este barullo no son ni mucho menos ninguno de ellos. Si el próximo domingo hay una poderosa razón por la que ir a votar es sencillamente porque de no hacerlo, los grandes perdedores seremos nosotros. Ellos, al fin y al cabo, continuarán ahí.
@ManoloDevesa