Diecinueve de agosto. No hace fresquito precisamente. Un Levante de tres pares de narices. Domingo para más inri. «¿Yo me voy a quedar en mi casa? En eso estaba yo pensando«. Seguro que es el pensamiento más general de Cádiz en días como estos. Por eso no es de extrañar que playas como Santa María del Mar o La Caleta estén a reventar porque son de las únicas en las que El Levante no logra pegar tan fuerte.

Los hay valientes. De esos que les da igual las flechas que tenga el maldito vientecito y se niegan a renunciar a ir a su playa de siempre. Aunque para eso se hagan con bolsas de arena para aguantar las sombrillas, casetas o demás artilugios. Los hay más valientes todavía, de esos que se largan a la piscina o a una calita con la considerable caravana a la vuelta pero con la satisfacción de haber pasado un día en remojo.

Los domingos están para disfrutar y en verano – al menos en Cádiz – no se entiende hacerlo sin la playa de por medio. Ya sea con Levante o con Poniente, es difícil ver en plenos meses de verano la playa vacía. Además, uno hasta se auto convence: «Pues no se está tan mal aquí«. Teniendo arena hasta en los riñones …
@ManoloDevesa