La polémica fiesta nacional formó parte en su día de los atractivos de nuestra ciudad. Fue en julio de 1967 cuando se decidió cerrar la plaza de toros de Cádiz.
Por unas horas, Cádiz volvía a disfrutar de una fiesta que, en su día, formaba parte importante de sus atractivos. Por entonces la fiesta no era tan cuestionada por la sociedad y mucha gente supo ganarse la vida. Sin embargo y más allá del evidente maltrato animal en que consiste la fiesta, la plaza de toros de Cádiz guarda una oscura y triste historia: sus alrededores se convirtieron en lugar de paredones de fusilamiento. Fue allí donde se llegaron a encontrar hasta 185 cadáveres. Entre ellos el del alcalde accidental en aquellos días, Rafael Madrid García.
Sin embargo, muchos años después y con Carlos Díaz en la alcaldía, la ciudad recuperaba el ambiente torero aunque solo fuese por un día. Los terrenos de la Telegrafía Sin Hilos dieron cobijo a una plaza de toros portátil. El motivo era benéfico: la Asociación de Padres de Menores Disminuidos Psíquicos, ASPADEMIS y de la Asociación Síndrome de Dawn recibirían lo recaudado en las corridas. Así, los toros fueron cedidos a coste cero gracias a las ganaderías de El Torero, Gabriel Rojas, Marcos Núñez, Carmen Segovia, Carmen Camacho, Carlos Nuñez, Rocío de la Cámara y Antonio Ordóñez.

Así que, veinticinco años después de aquello, Cádiz asistía emocionada a una cita que en los años gloriosos del Corpus era casi obligada. Entre los toreros que llegaron a pisar la plaza de toros portátil estuvieron José María Manzanares, Curro Romero, Rafael de Paula, José Luis Galloso, Niño de la Capea, Luguillano y Marcos Sánchez Mejías.
Aquello reavivó el interés de los que todavía pedían la recuperación de la plaza de toros. De hecho durante el festejo se llegaron a recoger firmas para la construcción de una multiusos. El intento fue en vano, ya que 25 años después de aquella corrida en 1993, la petición sigue sin prosperar.
@ManoloDevesa / Foto: DIARIO DE CADIZ