La TORRIJA al tiramisú de PERRO VIEJO; el placer de pecar en CUARESMA
Viajar a Sevilla, siempre que no sea verano y tenga que pegarme cachetás para que no se me baje la tensión, está bien. Pasear por sus anchas calles, disfrutar de estampas tan bonitas como las de la Catedral, observar la hermosura de la Giralda e ir a comer a Perro Viejo. Sí, porque uno de los placeres de estar en la capital de Andalucía tiene que estar en pisar este peculiar restaurante al que hoy quiero dedicarle esta sección y sobre todo probar su deliciosa Torrija al tiramisú.
PERRO VIEJO está en la calle C/Arguijo, 3 de Sevilla, en pleno centro. A pesar de sus dos plantas, el restaurante siempre está lleno. Por lo que siempre reservamos. Su personal es atento y amable. Su decoración te invita a quedarte por lo acogedora que es. Sus platos, una auténtica tentación, simplemente te invitan a volver:
De todos los que pedimos, la ensaladilla de langostinos fue quizás el plato más discreto. Que el plato no lo sirvieran frío no nos terminó de convencer.
Sin embargo, las croquetas de jamón ibérico cuya bechamel te enamora por su extraordinaria suavidad están exquisitas. Fue el que repetimos…
Las lagrimitas de presa ibérica con mojo picón se dejan comer. La salsa está en su punto justo: ni soso ni demasiado picante. Aunque puede ser que el nombre supere al plato en cuestion.
De los mejores platos que pudimos pedirnos: el pollo takitori con trigo bulgur salteado de salsa de aji está exquisito.
Soy muy fan de los gnocchis en general, que conste. Pero éstos con pesto de avellanas, tomate seco y calabaza asada ¡¡están espectaculares!! Sobre todo el tomate con ese toque ácido que lo hace totalmente adictivo.
Sin duda, la estrella de la carta. Al menos para mí. La torrija al tiramisú se sirve templada con helado encima y una crema de tiramisú que quita las tapaeras del sentío. Como hay gustos para todo, si la comida no ha sido de su agrado, la torrija te compensa la velada gastronómica. Espectacular. Para mí, la excusa perfecta para volver.