Aprovechando las buenas temperaturas y un evento que celebrar, el domingo paseé por Cádiz casi todo el día y una imagen a media tarde me congeló el alma. Cuando mis ojos se posaban en el Parque Genovés y sus alrededores, mis oídos casi podían volver a escuchar los aplausos a agrupaciones carnavalescas, artistas de renombre o actos varios con los que el teatro José María Pemán amenizaba los veranos gaditanos.
Fue en 2008 cuando el Teatro del verano por excelencia cerraba sus puertas para ser reformado. Desde ahí, el año que viene hará la friolera de diez años sin que uno pueda ver adelanto alguno en sus obras. El actual equipo de Gobierno ha manifestado su intención de terminarlo pero la realidad es que tras dos años en el Ayuntamiento, el teatro continúa deteriorándose de igual manera que lo hace desde hace una década.
Abandonado a su suerte como tantos otros edificios de Cádiz, la recuperación del Pemán sería un necesario aliciente para la temporada estival. Un rincón donde enamorarse más si cabe de nuestra fantástica ciudad que unido a sus playas, eventos y una hostelería cada vez más competitiva, no haría si no reforzar su apuesta por el verano.
Su escenario fue pisado por grandes nombres de la música: desde Rocío Jurado o Isabel Pantoja que no solo arrasaban en taquilla si no que aglutinaban a un numeroso público a las afueras del parque dispuesto a escucharlas al menos, a festivales carnavalescos, actuaciones de conocidos humoristas como los Morancos, Tip y Coll o Martes y 13 a cantautores de la talla de Joan Manuel Serrat o Carlos Cano.
El domingo la nostalgia me pudo. Ver convertido en una zona ajardinada el patio de butacas de donde tantas risas, emoción o aplausos brotaron en aquellas noches de verano, me produjo una especie de pena e indignación. Dejando aparte mi punto de vista romántico de la ciudad que me vio nacer, mi pena vino por la presente generación destinada a conocer el peor Cádiz e indignación por la normalidad con la que la ciudad acumula obras y edificios abandonados.
El domingo me apenó ver aquel lugar en ese deteriorado estado. Lo hice desde ese horror de pérgola mirador con el que Teófila Martínez quiso despedirse «a lo grande» de su paso por la alcaldía de Cádiz. Lo hice haciéndome una pregunta que encerraba en el fondo una pequeña reflexión: si lo que quería era dejarnos algo más antes de su marcha, ¿no hubiese sido más lógico dejar terminado el emblemático teatro a ese esperpento de mirador?
@ManoloDevesa