A veces se gana y otras se pierde. Por eso ayer tras los duros momentos que tuvo que pasar en su día con aquella lacrimógena dimisión que sin duda tanto le benefició, Pedro Sánchez ganaba el proceso de primarias convirtiéndose en el Secretario General del PSOE. Le ganaba así el pulso a quien en muchas quinielas era la ganadora más absoluta, Susana Díaz y a Patxi López con menos votos que Manel Navarro en Eurovisión.
El de anoche puede ser el comienzo de un nuevo PSOE. Un partido dispuesto a volver a ser lo que fue, a volver a ilusionar a ese montón de votantes que vieron con suma decepción como con su abstención, el Gobierno de Mariano Rajoy se convertía en una realidad. Desde que ZP adelantase las elecciones casi al final de su última legislatura, el partido socialista cayó en un pozo del que todavía no ha sabido salir. Los fallos de Rodríguez Zapatero al mando del Gobierno, la falta de carisma de sus candidatos a la Secretaría General y una clara división en la propia formación le hicieron ir perdiendo el rumbo de forma alarmante. La irrupción de PODEMOS en la vida política y su histórica abstención al Gobierno de Mariano Rajoy lo terminaron de rematar.
Con la victoria de Pedro, que ganó en Cádiz capital con 245 votos frente a los 88 de Susana, y los 20 de Patxi, se abre una nueva etapa en la que como diría Luis Fonsi, yo optaría a ir «despasito». Con pies de plomos si lo prefieren mejor. Lo que sí hace falta es que Pedro abandone esa actitud tan excesivamente correcta que tan poca credibilidad le aporta, dejar de comportarse como el iluminado y conquistador del mundo para bajar a la realidad y reconstruir de una vez por todas un partido que es necesario en un país que le debe tanto.
Es la hora de remangarse y trabajar. Sin florituras ni postureos y a poder ser sin alimentar la rivalidad de una parte de la oposición con la que es posible que tenga que contar para poder formar Gobierno de cara a unas futuras elecciones. Le quedan por delante tres años en los que si de verdad quiere devolver al PSOE al lugar donde siempre estuvo, deberá renunciar a discursos demagógicos y trasnochados reforzando los que si aporten realmente algo a la sociedad. Es la hora del mano a mano, de volver a ser obrero, de la unión en el propio partido y de visibilizar el convencimiento en un nuevo proyecto por encima de ambiciones personales o cuestiones de ego. Tan fácil como dejar de mirarse el ombligo y mirar un poco más por el país que se pretende gobernar.
@ManoloDevesa