Viento de Levante

«Está una trastorná» dice una mujer en plena Plaza de abastos. Si es usted de Cádiz sabrá que esa expresión se utiliza exclusivamente para hablar de cómo afecta el viento de Levante a los gaditanos. El mismo que este verano no se ha despegado prácticamente más de dos días seguidos de nosotros.

El Levante repercute negativamente en la marcha de una ciudad cuya vida diaria en verano gira en torno a sus playas porque en días como éstos se hace insoportable estar allí (a ver quien tiene cojones de mantener la toalla en la arena o comerse una tortilla sin creerse que es un filete empanao) y las visitas a los chiringuitos – estoy seguro – se reducen muy notablemente.

Pero como siempre hay que ver el vaso medio lleno, supongo que con el Levante quiénes ganan aparte de los surfistas que se ponen a coger olas y se quedan solos son los restaurantes y bares de copas instalados en nuestras calles que notan un incremento de la clientela que ha decidido no acudir a la playa. Que en días de calor en las horas donde más fuerte pega el sol se deben comer los mocos…

Y también salen ganando el gremio de los farmacéuticos. Sí sí, esos humanos de bata blanca que de un tiempo a ésta parte no paran de despachar antidepresivos en días donde el Levante pega con todas sus ganas. Y no lo hacen por el efecto de este viento en los cocos del personal que lo dejan majaretas ni tampoco es que las depresiones se acentúen en días así. La mayoría de los que acuden a la farmacia incluso de guardia no lo hacen por el paro, las terceras elecciones o la corrupción. Tienen la poderosa razón de verse superado emocionalmente cuando miran al mástil de la Plaza Sevilla y no ven allí a su bandera rojigualda. Dramón.

@ManoloDevesa

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