La plaza de Candelaria, uno de los rincones más bellos de nuestra ciudad es la protagonista de nuestro Callejero de hoy. Juntos descubriremos que pese a ser de las más jóvenes de la ciudad, no siempre se llamó así y que por cada uno de sus rincones, se respiran sorprendentes historias.
Hubo un tiempo, en la baja Edad Media, en que sobre esta plaza se levantaba una ermita de moriscos. De ahí que su nombre por entonces respondiese a «Plaza de la Ermita de los moriscos». Muy original, sí. Más tarde y a finales del siglo XVI, se comienza a construir el convento de la Candelaria, con un jardín que hacía las delicias de sus religiosas. Pero cuando llega la Primera República, el convento se ve derribado debido a su mal estado. En 1873, el alcalde Fermín Salvochea encarga su derribo e incluso ya con el convento inexistente, las agustinas siguieron siendo propietarias del solar hasta que en 1879, el Ayuntamiento de Cádiz tiene vía libre para adquirirlo y convertirlo en una plaza pública. Pocos sabrán que hasta 1884, la plaza de Candelaria sirvió como escenario del Circo Teatro Gaditano.
Más tarde, en 1884, el por entonces alcalde José Ramón de Santa Cruz comienza una intensa reforma en la plaza que hace caer el Teatro ajardinando el solar.
El monumento a Castelar que preside la plaza también tiene su historia. Cuando muere Emilio Castelar, prácticamente España entera acuerda levantar en Madrid un monumento a su persona. Pero Cádiz decide ir por libre y tener su propio monumento en la plaza que lo vio nacer: el número 1 de la plaza de Candelaria. Así, el 5 de octubre de 1905, el monumento es inaugurado con la visita de otro ilustre político gaditano, Segismundo Moret.
Si paseamos por la plaza, podremos apreciar algunos históricos edificios como la Casa de Oviedo, que antes fue el Banco de Cádiz, un asilo inaugurado el 24 de septiembre de 1895. Hace unos años, con el Café Royalty, la plaza recupera uno de sus más emblemáticos rincones, lugar de reunión de muchos intelectuales de la época. En vísperas de la Guerra Civil y tras treinta años abierto al público, el Royalty decide cerrar sus puertas. Pasada la guerra, se convierte en almacén y poco después en bazar, comenzando su decadencia y quedando en el olvido durante los siguientes setenta años.